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Opiniones

Harapos de marca

La oposición pacífica, los ex presos políticos y las Damas de Banco no están invitados a los festejos por el anuncio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Ellos tampoco tienen embullo para asistir. Nadie se puede divertir acosado por la policía y, además, saben que las celebraciones, con toda su resonancia internacional, es otra repartición de pizzas y cervezas amenizada por un combo del Ministerio de Cultura que el gobierno organiza para ganar tiempo, recibir dinero y permanecer en el poder.

Lo saben porque llevan muchos años en la calle o en los calabozos enfrentados al poder de la dictadura y a sus habilidades para las trampas políticas. Esa experiencia es la que les ha permitido examinar con lucidez, sin unanimidades vanas, ni radicalismos baratos, la repercusión que pueden tener para la verdadera democracia en la isla la firma de los acuerdos.

Los opositores se quedaron asomados a sus ventanas con serenidad para ver como puede comenzar a desvanecerse la euforia prefabricada para muchos sectores de la sociedad que creyeron que enseguida comenzarían a caer en paracaídas miles de turistas norteamericanos sobre los techos de los solares con los bolsillos de sus camisas guarabeadas llenos de dólares.

Desde sus sitios de observación y reflexiones pudieron apreciar también que la rumba real se bailaba en los salones de los jefes y escucharon, en la lejanía, la música de otras cumbanchas en grandes residencias de empresarios.

Esa posición a la hora de asumir los nuevos aires de amistad entre los dos gobiernos no supone, de ninguna manera, que la oposición pacífica esté negada a mirar de frente y con coraje las alternativas de la realidad cubana. Indican, eso sí, que son fieles a sus programas de transformaciones democráticas sin remiendos ni coberturas o disfraces con harapos extranjeros.

La mayoría cree que ha sido un pacto favorable para el gobierno cubano que no ha hecho ningún compromiso público en materia de favorecer las libertades individuales y los derechos humanos. Al mismo tiempo, la oposición tiene la certeza de que el régimen continuará su trabajo represivo y lo único que moverá con todos estos revuelos es su cuenta bancaria.

Los comunicadores libres, por su parte, han hecho lo que tienen que hacer: cubrir la fiesta y escribir sus reseñas con responsabilidad. El periodismo independiente, imprescindible y enriquecedor y múltiple, como debe ser, ha ofrecido una visión amplia que incluye notas contagiadas por el entusiasmo de la conga.

A mí me gusta la crónica que Luis Cino Alvarez firmó esta semana para Primavera Digital. El intelectual recuerda con ironía que ha sido acusado por el gobierno durante años de “desviado ideológico y proyanqui” por su afición a la música y a la literatura norteamericana y que ahora sus acusadores “ya deben tener preparadas las banderitas de las barras y las estrellas que agitarán jubilosos, en el aeropuerto y a lo largo de la avenida de Rancho Boyeros para recibir al Secretario de Estado John Kerry”.

Hagan lo que hagan los Estados Unidos, dice Cino, “los que nos hemos ganado el derecho a soñar el futuro de la patria en democracia seguimos aquí. Como siempre”.

[Publicado en El Nuevo Herald]