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Opiniones

Vida y Memoria

UNA SEMANA antes de la firma de los acuerdos diplomáticos entre Raúl Castro y Barack Obama, exactamente el 10 de diciembre, la policía política arrestó a 240 opositores, incluidas 20 mujeres integrantes de las Damas de Blanco, en una razia que incluyó golpizas y se extendió desde La Habana hasta Santiago de Cuba. Creo que se le puede perdonar a los que vivieron esa experiencia -todavía con la humedad de las celdas en la cabeza- que no hayan salido a aplaudir con delirio la decisión de los dos gobiernos.

Esa oposición pacífica y los periodistas independientes tienen una noción especial sobre el tiempo y las trampas bajo la dictadura. El suceso pudo asombrarlos, pero la sorpresa siempre es pasajera. Es la incredulidad la que tiene un carácter permanente cuando se trata de un régimen que lleva 56 años en el poder.

No hay unanimidad entre los opositores sobre los alcances y el porvenir que pueden dibujar para el bienestar de los cubanos de a pie la firma de un documento suscrito con el agua al cuello con el mismísimo imperialismo yanqui. El asunto es que coinciden en no creer que sea una varita mágica que tocará con bondad, virtud y tolerancia a los jefes de la dictadura.

Hay consenso a la hora de no confiar en que los poderosos harán cambios reales a favor de los derechos humanos, la libertad de prensa y de asociación de los ciudadanos. Quienes se enfrentan a los opresores dentro de la Isla tienen una visión diversa y, a veces, muy opuesta, como debe ser. Unos critican y otros pocos alaban la decisión de Obama. Y, cómo no, puede ser que alguno haya salido a buscar unas tablas de cedro por si hace falta una silla para una eventual mesa de negociaciones. Hay de todo.

Entre la oposición pacífica prevalece la duda, pero hay matices. Si uno ve muy positivos los acuerdos porque ofrecen un nuevo horizonte y nuevas perspectivas para el desarrollo del país, otro dice que si Obama quiere dar muestra de un posicionamiento firme con la democracia está a tiempo de pedir un compromiso del régimen con los derechos humanos.

La vida dicta otras opiniones que rescata la memoria de 10 años de protestas públicas arrestos y palizas. Berta Soler, la representante de las Damas de Blanco dice esto: «Le vamos a demostrar al presidente Obama y al Papa Francisco que Raúl Castro no va a cambiar. Vamos a salir a las calles a ejercer nuestro derecho y seremos como siempre mujeres golpeadas y llevadas a los calabozos».